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DRAGON BALL: TRES DÉCADAS ENTRE ESFERAS DE DRAGÓN
Cuando alguien ha visto anime y leído manga durante más de treinta años, aprende a desarrollar un “Ultra Instinto” si está ante algo diferente o es más de lo mismo. He consumido varias franquicias y otras que tengo en mi lista de pendientes y creo que de entre todas ellas, ninguna mantiene el estatus de pilar fundamental del shonen como Dragon Ball.
Actualizado junio 2026

La obra de Akira Toriyama no es perfecta. Y eso te lo dice alguien que ha seguido la franquicia durante mucho tiempo.
Vi sus primeras emisiones, sufrí sus parones y celebré su regreso en los años 90. Precisamente por eso creo que merece la pena analizar qué hizo tan especial a Dragon Ball y qué aspectos funcionaron peor con el paso de los años.
EL ENCANTO PRIMIGENIO: LA AVENTURA Y EL MISTICISMO DE LA PRIMERA ETAPA
Para comprender el impacto global de la franquicia, es obligatorio regresar al origen. La primera etapa de Dragon Ball posee una frescura que la industria actual rara vez ha conseguido replicar. En este período, la historia se sustentaba en la aventura pura. Pienso que gran parte de esto venía de una fuerte influencia de la literatura clásica china y un estilo de comedia de acción bien usado.
Lo que hacía brillante a esta primera parte era:
- El equilibrio. El viaje físico y el crecimiento personal avanzaban juntos, y tú lo tonabas.
- Las esferas del dragón eran un elemento narrativo que daba mucho juego, obligando a los personajes a explorar un mundo rico, fantasioso y lleno de personajes.
- Los torneos de artes marciales no eran simples exhibiciones de fuerza. Eran coreografías ingeniosas mezclado con alguna que otra técnica absurda (como no acordarse de Krilin contra Bacterian, o el piedra, papel o tijera convertido en técnica de combate por Goku).
Otro punto que me gustaba de estas primeras temporadas era que, el crecimiento de Goku se sentía natural, sin forzar mucho al personaje. Su inocencia contrastaba perfectamente con un elenco secundario lleno de carisma y con sus defectos humanos.
EL CAMBIO DE PARADIGMA: LA MADUREZ EN LOS SAIYANS Y NAMEK
La saga de los Saiyans y Namek representan para mí el punto más alto de Dragon Ball. Y no lo digo únicamente por la aparición de Freezer o por la transformación en Super Saiyan.
Recuerdo perfectamente las conversaciones en el colegio sobre quién era realmente Freezer. En aquella época no teníamos internet, vídeos de YouTube explicando teorías ni redes sociales donde destripar el siguiente episodio. Si querías saber qué pasaba, tocaba esperar una semana entera.
Hoy puede parecer una tontería, pero esa espera formaba parte de la experiencia. Durante días imaginábamos cómo derrotaría Goku al villano más poderoso que habíamos visto hasta entonces. Cuando finalmente llegó el enfrentamiento en Namek, la sensación fue espectacular.
Creo que ahí entendí por primera vez la importancia de un gran antagonista. Porque Freezer no era simplemente fuerte; era cruel, despiadado y parecía completamente invencible.
LOS ANDROIDES Y CÉLULA: CUMBRE DE LA TENSIÓN NARRATIVA
Lo que más aprecié fue el desarrollo de Gohan tejido con paciencia durante años. Por eso su transformación final funcionó tan bien.
Además, tengo que reconocer que la llegada de Trunks fue uno de esos momentos que todavía recuerdo perfectamente. Un desconocido aparece de la nada, derrota a Freezer con una facilidad insultante y después te dicen que viene del futuro. Para un adolescente de los 90 aquello era una auténtica locura.
La saga de Célula tenía algo que echo de menos en muchas producciones actuales:
- Siempre parecía que el peligro podía aparecer por un sitio diferente.
- Nunca terminabas de sentirte cómodo como espectador.
EL DESGASTE DE LA FÓRMULA: EL BAJÓN DE MAJIN BUU
Hay algo que ocurre con frecuencia en las grandes franquicias. Alcanzan un punto tan alto que resulta difícil saber cuándo detenerse.
Con los años he pensado muchas veces que Dragon Ball llegó a ese punto después de Célula. No porque la saga de Majin Buu sea terrible, sino porque la sensación de progresión que había impulsado la serie durante años empezaba a agotarse.
El intento inicial de centrar la historia en la vida escolar de Gohan desdibujó la trama desde el principio. ¿por qué?
- Cuando la amenaza de Buu se materializó, ya todo era un quiero y no puedo.
- Técnicas como la fusión y el Super Saiyan 3 se introdujeron a un ritmo demasiado acelerado. Y esto restó valor al esfuerzo y al entrenamiento físico, valores antes sagrados.
- El tono oscilaba de manera errática entre el drama apocalíptico y el humor absurdo.
- Y luego algunas escenas muy potentes perdieron peso dramático debido a las resurrecciones inmediatas.
- Y por último el desarrollo que Gohan había heredado en la saga anterior se quedó a medias.
MI MOMENTO FAVORITO DE DRAGON BALL
Si tuviera que elegir una única escena de toda la franquicia, probablemente seguiría quedándome con la primera transformación de Goku en Super Saiyan.
No porque hoy siga sorprendiendo visualmente, sino porque nunca había visto algo parecido cuando era niño. Fue uno de esos momentos que se quedan grabados para siempre en la memoria de cualquier aficionado.
EL RENACER MODERNO: DRAGON BALL SUPER Y SU REDENCIÓN
Menos mal que no dependía de mí, sino la saga de Buu hubiera sido la última y me hubiera perdido el Gran Torneo de Poder. Aquí, he de reconocer que, aunque te caigas te puedes levantar más fuerte y con más ganas de continuar.
Dicho esto, tras años de silencio, Dragon Ball Super trajo de vuelta la franquicia.
Si bien sus inicios fueron titubeantes, marcados por una animación televisiva irregular, la serie logró enderezar el rumbo en su segunda mitad.
El arco del Torneo de Poder representó un punto de inflexión fundamental. Al expandir el lore hacia el multiverso, la serie recuperó la escala competitiva. Se extrañaba la variedad de habilidades de los antiguos torneos pero en el clímax de esta saga nos devolvió combates con coreografías fluidas y muy conseguidas, consagrando al Ultra Instinto no solo como un aumento de fuerza, sino como un estado mental místico.
Posteriormente, en el formato manga bajo la ilustración de Toyotaro, las sagas de Moro y Granolah continuaron esta senda de maduración. El arco de Moro devolvió el protagonismo a la magia y a la estrategia. Por su parte, la saga de Granolah exploró las consecuencias históricas de las conquistas de los Saiyans. Aportó una densidad dramática y una profundidad al pasado de la raza que enriqueció sustancialmente la mitología general.
LA ECUACIÓN INDISPENSABLE: LA SIMETRÍA ENTRE HÉROE Y VILLANO
Después de tantos años viendo anime he llegado a una conclusión bastante simple. El éxito de un shonen no depende exclusivamente de su protagonista. La importancia de un buen villano es exactamente equivalente a la de un buen héroe.
El antagonista es el espejo que fuerza el desarrollo del personaje principal.
Goku es un protagonista plano en el sentido de que no cambia sustancialmente a lo largo de la historia. Cambia al mundo y a las personas a su alrededor a través de su obsesión por la auto-superación. Por lo tanto, requiere de antagonistas con una presencia arrolladora para que la historia avance.
¿Por qué pienso que esto funciona?
- Freezer funciona a la perfección porque representa la antítesis de los valores de Goku. Es un tirano genocida que desprecia el esfuerzo ajeno. Su crueldad extrema fue el catalizador necesario para romper el límite psicológico de Goku.
- De igual forma, Célula fue diseñado específicamente para presionar las inseguridades de Gohan. Actuó como el juez implacable que obligó al joven a aceptar su naturaleza guerrera.
Cuando el villano carece de motivaciones claras el relato pierde peso. Un gran héroe solo brilla con la intensidad adecuada cuando se enfrenta a una oscuridad imponente.
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EL ÚNICO MOMENTO EN EL QUE ABANDONÉ UNA SALA DE CINE
Voy a terminar con una confesión personal.
En todo este tiempo viendo anime, leyendo manga y consumiendo todo tipo de adaptaciones, solamente he abandonado una sala de cine una vez antes de que terminara la película.
Esa vez fue con Dragonball Evolution.
Y no fue porque esperara una adaptación perfecta. Entiendo perfectamente que un live action necesite tomar ciertas licencias. Lo acepto con cualquier obra porque lo que funciona en papel o en animación no siempre funciona delante de una cámara.
El problema es que, desde mi punto de vista, Dragonball Evolution no se tomó demasiadas licencias.
- Directamente dejó de parecerse a Dragon Ball. Soy una persona bastante simple para estas cosas. Si un personaje es calvo, lleva gafas, tiene una personalidad concreta y cumple una función determinada dentro de la historia, espero reconocerlo cuando aparece en pantalla. No necesito una copia exacta, pero sí sentir que estoy viendo al mismo personaje. Con Dragonball Evolution nunca tuve esa sensación.
- Los personajes parecían otras personas utilizando nombres que yo conocía. La historia se alejaba constantemente del material original y, cuanto más avanzaba la película, más difícil me resultaba conectar con ella.
Llegó un momento en el que simplemente me levanté y me fui.
Y para alguien que suele terminar películas malas, series mediocres y animes discutibles porque siempre intento encontrar algo positivo, aquello fue toda una excepción.
Por suerte, Dragon Ball es mucho más que aquella adaptación. Su legado sigue intacto gracias al manga, al anime y a varias generaciones de aficionados que seguimos disfrutando de las aventuras de Goku muchos años después de descubrirlas por primera vez.




