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MI CRÍTICA DE AKIRA: ¿SIGUE SIENDO LA OBRA MAESTRA DEL ANIME CIBERPUNK HOY EN DÍA?
Todavía recuerdo perfectamente el invierno de 1992, cuando conseguí una copia en VHS de Akira gracias a un amigo de la infancia. Ver aquella moto roja de Kaneda derrapando en la pantalla de mi viejo televisor de tubo, con subtítulos borrosos en inglés, fue una locura total.
Actualizado Julio 2026

La primera vez que escuche hablar sobre esta película de animación fue en un programa en la 2 de TVE llamado “Metrópolis” donde se emitió en exclusiva las primeras secuencias y un reportaje especial sobre la película antes de su llegada a los hogares.
Acostumbrados a la animación infantil de la época, descubrir que los dibujos animados podían albergar tanta violencia, madurez y filosofía cambió mi vida para siempre.
Hoy, más de tres décadas después, vuelvo a sentarme frente a este titán de la ciencia ficción para comprobar si el paso del tiempo le ha pasado factura o si mantiene su corona intacta.
Mi opión es clara: Después de volver a verla más de treinta años después, sigo teniendo la misma sensación que cuando apagué aquel viejo televisor de tubo. Akira continúa siendo una de esas películas capaces de dejarte pensando mucho tiempo después de que aparezcan los créditos finales.
No es solo nostalgia; es una obra que sigue impresionando por su ambición visual y por todo lo que intenta contar.
SINOPSIS Y CONTEXTO HISTÓRICO DE UN HITO IRREPETIBLE
La historia nos traslada a la megaciudad de Neo-Tokyo, construida sobre las cenizas de la antigua capital destruida por una explosión nuclear que dio inicio a la Tercera Guerra Mundial.
En este entorno distópico plagado de corrupción, sectas y protestas callejeras, Kaneda y Tetsuo, dos amigos de un orfanato que lideran una banda de motoristas rebeldes, se ven envueltos en una conspiración militar. Todo estalla cuando Tetsuo sufre un accidente y es capturado por el gobierno, despertando en él unos poderes psíquicos aterradores que amenazan con destruir lo que queda de la civilización.
Katsuhiro Otomo dirigió esta adaptación cinematográfica de su propio manga homónimo, logrando un hito sin precedentes en la industria recaudando un presupuesto descomunal para la época.
Producida por el estudio Tokyo Movie Shinsha, la cinta desafió todos los estándares al grabar las voces antes de animar las escenas (pre-scoring) y utilizar una paleta de más de 300 colores, muchos de ellos creados exclusivamente para el filme.
Lo que no tengo dudas es que su estreno a finales de los 80 abrió las compuertas de Occidente al anime cinematográfico, pavimentando el camino para que el público general respetara la animación japonesa como un arte mayor.
Pero también es cierto que, en aquella época yo no sabía nada de presupuestos ni de técnicas de animación. Solo sabía que nunca había visto nada parecido.
ANÁLISIS DESDE LA PERSPECTIVA DE UN VETERANO
Animación y estilo visual de Akira
El apartado visual de esta película es un milagro artesanal que dudo que volvamos a ver en una era dominada por las herramientas digitales. Cada fotograma se dibujó a mano, acumulando más de 160.000 acetatos individuales que dotan a Neo-Tokyo de una vida orgánica, caótica y asfixiante.
Hoy, acostumbrados a la animación digital, cuesta imaginar el trabajo que suponía dibujar semejante cantidad de escenas a mano. Creo que esa es una de las razones por las que Akira sigue teniendo una personalidad visual tan difícil de imitar.
El uso de las luces de neón parpadeantes, el humo hiperrealista de las explosiones y las estelas de los vehículos nocturnos muestran un nivel de obsesión por el detalle que rivaliza con producciones de imagen real como Blade Runner.
La fluidez de los movimientos en las persecuciones iniciales sigue humillando a la mayoría de las producciones contemporáneas que abusan de la animación por ordenador (CGI).
Desarrollo de personajes y peso temático
La relación de hermandad, envidia y complejo de inferioridad entre Kaneda y Tetsuo sirve como el motor emocional que evita que la película se convierta en un simple espectáculo de destrucción.
Tetsuo encarna el dolor del débil que de repente obtiene un poder divino y destructor, una metáfora brillante del miedo atómico arraigado en el subconsciente colectivo de Japón.
Curiosamente, mucha gente recuerda Akira por Tetsuo, pero yo siempre he sentido debilidad por Kaneda. No es el típico héroe perfecto. Es impulsivo, arrogante, hace bromas constantemente y muchas veces actúa antes de pensar. Sin embargo, precisamente por eso resulta tan humano.
Y no tuvo que ser fácil intentar condensar miles de páginas del manga original en apenas dos horas, por eso pienso que algunos personajes secundarios como Kei o los propios niños mutantes (los «Numbers») pierden parte del trasfondo que los hacía fascinantes sobre el papel.
Ritmo narrativo y banda sonora
El ritmo de la cinta es un torbellino implacable que apenas da respiro al espectador, arrastrándolo desde las peleas de bandas callejeras hasta un clímax de horror corporal digno de David Cronenberg. Esta velocidad puede resultar confusa en su tercio final para quienes busquen explicaciones masticadas, ya que la narrativa se vuelve abstracta, mística y puramente visual.
Mención de honor merece la música del colectivo Geinoh Yamashirogumi, que mezcló coros tradicionales japoneses (gamelan) con sintetizadores modernos para crear una atmósfera tribal e industrial que se te queda grabada en el cerebro para siempre.
No era una banda sonora que vayas tarareando por la calle como ocurre con Dragon Ball o Saint Seiya. Su función es otra: incomodar, generar tensión y hacer que Neo-Tokyo parezca un lugar casi vivo.
MUCHAS LUCES Y ALGUNA SOMBRA SOBRE AKIRA
A pesar de mi devoción por esta obra, la veteranía me obliga a ser justo y analizar sus luces y sombras con total honestidad.
- Los niveles de animación artesanal: Su nivel de detalle técnico es inalcanzable para los estándares comerciales actuales.
- La icónica dirección artística: Creó la estética cyberpunk definitiva que ha influenciado a sagas como The Matrix o Cyberpunk 2077.
- La banda sonora experimental: Una genialidad sonora que rompió moldes y sigue sonando única e hipnótica.
- La densidad de la trama: Comprimir un manga tan masivo provoca que el tramo final se sienta algo apresurado y críptico.
- La falta de desarrollo secundario: Algunos personajes quedan reducidos a meros catalizadores de la acción debido al límite de tiempo.
¿QUIÉN DEBERÍA VER LA PELÍCULA DE AKIRA?
La recomendaría especialmente si:
- Buscas ciencia ficción adulta.
- Te gusta el cyberpunk.
- Quieres descubrir una de las películas que cambiaron la historia del anime.
En cambio, si buscas una historia sencilla o una película donde todo quede perfectamente explicado, quizá no sea la mejor puerta de entrada.
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MANGA Y PELÍCULA: DOS FORMAS DIFERENTES DE VIVIR AKIRA
Una de las preguntas que más suele hacerse quien termina la película es si merece la pena leer el manga. Mi respuesta es un rotundo sí.
Aunque ambas obras cuentan la misma historia de fondo, la experiencia es bastante diferente.
La película tuvo que condensar en poco más de dos horas un manga de más de 2.000 páginas dividido en seis volúmenes. Katsuhiro Otomo dirigió personalmente la adaptación, pero era consciente de que resultaba imposible trasladar toda la historia al cine sin realizar importantes cambios.
Por ese motivo, la película funciona como una magnífica puerta de entrada al universo de Akira, mientras que el manga desarrolla con mucha más calma todo lo que sucede en Neo-Tokyo.
Los personajes secundarios, por ejemplo, adquieren mucho más protagonismo. Kei deja de ser únicamente un personaje que acompaña la acción y gana una importancia enorme dentro de la resistencia. Lo mismo ocurre con Lady Miyako, el coronel Shikishima o los propios «Numbers», cuya historia resulta mucho más completa y comprensible.
También cambia el ritmo del relato. Mientras que la película mantiene una tensión constante desde el principio hasta el final, el manga dedica tiempo a mostrar cómo evoluciona la sociedad después de la gran catástrofe provocada por Tetsuo. Ese desarrollo permite entender mejor las consecuencias políticas, sociales y humanas del desastre.
Y, por supuesto, está el desenlace.
No voy a entrar en detalles para evitar estropear la experiencia a quien todavía no haya leído el manga, pero sí puedo decir que ambos finales transmiten sensaciones diferentes. La película apuesta por un cierre más simbólico y abierto a la interpretación, mientras que el manga desarrolla con mucha más profundidad las consecuencias de todo lo ocurrido y ofrece una conclusión bastante más extensa.
Personalmente, siempre recomiendo empezar por la película y, si consigue atraparte, continuar con el manga. Creo que es la mejor forma de descubrir Akira. Primero disfrutas del enorme impacto visual que convirtió a la película en una leyenda y, después, profundizas en una historia todavía más ambiciosa que demuestra hasta dónde quería llegar Katsuhiro Otomo con su obra.
En resumen:
- El manga desarrolla muchísimo más.
- Muchos personajes ganan importancia.
- El final es distinto.
- Es comprensible que Otomo tuviera que condensarlo.
VEREDICTO FINAL DE UN ESPECTADOR DE LA VIEJA ESCUELA
Volver a ver Akira después de tantos años me ha confirmado que el verdadero arte no envejece, sino que se revaloriza. Mientras que muchas producciones actuales dependen de trucos digitales efímeros, la obra de Katsuhiro Otomo se sostiene gracias al sudor, la genialidad y la ambición de un equipo de animadores que tocó el cielo con las manos.
Es una película cruda, exigente con el espectador y visualmente apabullante que no ha perdido ni un ápice de su fuerza original.
Todas las guías y opiniones de Shioriverse están escritas desde la experiencia personal y con el máximo respeto hacia cada obra y sus autores

Sobre el autor
Txomin L.
Llevo mas de 30 años viendo anime y leyendo manga.
En Shioriverse comparto aquellas obras que me han acompañado durante estos años, explicando por qué me marcaron y que las hace especiales desde la experiencia de un aficionado.
No pretendo decirte qué debes ver. Solo compartir aquellas historias, que, de una forma u otra, también dejaron huella en mí.




